plan de cuidados. No dejé la casa a quien más gritara ni a quien más la necesitara, sino bajo condiciones claras: nadie recibiría nada si intentaba declararme incapaz sin dictamen real o si me presionaba para vender. Una parte quedaría para mis hijos y otra para un fondo de cuidado de adultos mayores solos en la colonia. Cuando Óscar lo leyó, levantó la vista. —¿Un fondo? —Sí —dije—. Para que alguien más no pase seis horas en el piso esperando mensajes. No protestó.
Con el tiempo caminé otra vez, primero
Seis horas inmóvil sobre el piso helado del baño Mientras mis hijos me mandaban mensajes explicando por qué no podían venir de inmediato, yo tenía la cadera rota, los labios secos y la mano estirada hacia una puerta que nadie abría.