PARTE 2 / Después de cinco años de matrimonio, mi hija de cuatro años me susurró: “

algo casi cómico.

Cinco años juntos y Eduardo todavía olvidaba que ciertos mariscos me provocaban alergia.

Pero recordaba perfectamente que su

exesposa no comía cebolla.

 

Saqué de mi bolsa el convenio que me había preparado mi abogada.

Lo dejé sobre la mesa.

—Aquí está.

Eduardo leyó la primera página.

Su rostro cambió.

—¿Convenio de divorcio?

—Ya está firmado de mi parte.

Diego casi saltó del sofá.

—¡Firma, papá! ¡Firma!

Laura bajó la mirada para ocultar una sonrisa.

Eduardo agarró los papeles y los rompió.

—Ya. No existe.

—Puedo imprimirlo