otra vez.
La sonrisa de Laura desapareció.
Eduardo se acercó.
—Deja de comportarte como una niña.
—Yo ya terminé de comportarme como la mujer que aguanta todo.
Entré al dormitorio.
Esa noche llamé a mis padres.
—Mamá, me quiero divorciar.
Mi madre guardó silencio apenas dos segundos.
—¿Te están haciendo daño?
La pregunta bastó para que empezara a llorar.
Mi padre tomó el teléfono.
—Tú agarra a Sofía y regresa a tu casa. Aquí nadie te va a preguntar cuánto tiempo piensas
quedarte.
Saqué una maleta.
Sofía empezó