PARTE 2 / Después de cinco años de matrimonio, mi hija de cuatro años me susurró: “

a meter su ropa.

A la mañana siguiente Eduardo salió a trabajar.

Laura entró poco después.

—Diego quiere quesadillas de camarón. Yo quiero de carne. Y no les pongas cebolla.

Seguí empacando.

Laura pateó suavemente la maleta.

—¿Todavía con el teatro?

No respondí.

Entonces sonrió.

 

—¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y yo? Yo llevo seis años divorciada de Eduardo y sigo siendo parte de su familia. Tú llevas cinco casada con él y te ha sacado del grupo veintiocho veces.

Me miró de arriba abajo.

—Eduardo no