PARTE 2 / Después de cinco años de matrimonio, mi hija de cuatro años me susurró: “

las noches.

 

Una semana después, al regresar del hotel, vi el coche de Eduardo estacionado frente a la casa.

Estaba apoyado contra la puerta.

Tenía barba y profundas ojeras.

—Mariana.

Seguí caminando.

—Por favor.

Me detuve.

—Revisé las cámaras.

No

respondí.

—Lo vi todo.

Su voz se quebró.

—Vi lo que Diego le hizo a Sofía. Lo que te hizo a ti. Revisé grabaciones viejas. Mariana… no sé cómo pude ser tan idiota.

Intentó acercarse.

Retrocedí.

—Yo quería compensar a Diego —continuó—. Me sentía culpable por haberme divorciado de