las noches.
Una semana después, al regresar del hotel, vi el coche de Eduardo estacionado frente a la casa.
Estaba apoyado contra la puerta.
Tenía barba y profundas ojeras.
—Mariana.
Seguí caminando.
—Por favor.
Me detuve.
—Revisé las cámaras.
No
respondí.
—Lo vi todo.
Su voz se quebró.
—Vi lo que Diego le hizo a Sofía. Lo que te hizo a ti. Revisé grabaciones viejas. Mariana… no sé cómo pude ser tan idiota.
Intentó acercarse.
Retrocedí.
—Yo quería compensar a Diego —continuó—. Me sentía culpable por haberme divorciado de