PARTE 2 / Después de cinco años de matrimonio, mi hija de cuatro años me susurró: “

quiere bajar.

Eduardo cerró los ojos.

 

—Solo quiero pedirle perdón.

—Tu disculpa llegó cuando ella ya aprendió a tenerte miedo.

Al día siguiente volvió con juguetes.

Sofía tampoco quiso verlo.

La tercera vez, mi padre bajó furioso.

—¡Deja en paz a mi hija!

Eduardo no discutió.

Solo levantó la cabeza hacia nuestras ventanas.

—¡Mariana! ¡Sofía! ¡Perdónenme!

 

Mi hija se tapó los oídos.

Mi madre bajó entonces.

Se plantó frente a él.

—Mi hija salió

de esta casa hace cinco años con las manos suaves y la sonrisa fácil.