decidir qué clase de persona quieres ser a partir de ahora.
Levantó la vista, esperanzado.
—¿Entonces volverán?
—No.
Su expresión cayó.
—Perdonar algo algún día no significa regresar al lugar donde ocurrió.
Tomé la mano de Sofía.
—Cuídate, Diego.
Tres meses después, Eduardo finalmente dejó de oponerse al convenio y el proceso de divorcio siguió adelante ante el juzgado familiar.
El día de la última firma lo vi distinto.
Más delgado.
Más viejo.
—Mariana —dijo mientras esperábamos—, sé que no tengo derecho a pedirte otra oportunidad.
No contesté.
—Pero