PARTE 2 / Después de cinco años de matrimonio, mi hija de cuatro años me susurró: “

quisiera recuperar algún día la relación con Sofía.

—Eso no depende de mí.

Me miró.

—¿Depende de ella?

—Depende de

lo que hagas durante años, no de lo que prometas durante cinco minutos.

 

Bajó la mirada.

—Ella me odia.

—No.

Eduardo levantó los ojos.

—Eso sería más fácil. Sofía no te odia. Te teme.

Aquello pareció dolerle más.

—Tiene cuatro años, Eduardo. A esa edad aprendió que comer algo que quería podía hacer enojar a su papá. Aprendió que si su hermano la empujaba, nadie le creería. Aprendió a