PARTE 2 / Después de cinco años de matrimonio, mi hija de cuatro años me susurró: “

Lo miré sin reconocer al hombre con quien me había casado.

—¿Y Sofía?

—Es pequeña. Tiene que aprender a compartir con su hermano.

Sofía se encogió entre mis brazos.

Eduardo suspiró, impaciente.

—Ya no hagas

un drama. Haz que Sofía le pida disculpas a Diego. Si estos días se porta bien, te vuelvo a meter al grupo.

 

Aquello me rompió algo por dentro.

Recordé cuando Diego tenía ocho años y despertaba llorando porque extrañaba a su mamá. Yo me sentaba junto a él hasta que se dormía.

Recordé aquella