madrugada en que tuvo casi cuarenta grados de fiebre y Eduardo estaba fuera por trabajo. Laura, su madre, dijo que no podía ir. Yo dejé a Sofía, que apenas era una bebé, con mi vecina y pasé toda la noche en urgencias con Diego.
Y ahora yo era la madrastra injusta.
—Eduardo —pregunté—, ¿alguna vez me has considerado realmente parte de tu familia?
Frunció el ceño.
—¿Otra vez con eso?
—Laura lleva seis años divorciada de ti y nunca salió del grupo familiar. A mí me sacas cada vez