enferma y a veces se olvida de nosotros. Mi mamá dice que debemos cuidarla, pero que nadie puede enterarse todavía.
—¿Y por qué tienes que guardar ese secreto?
—No sé. Mi mamá llora mucho cuando cree que estamos dormidos.
Aquella respuesta desconcertó a Ernesto.
Entonces Mateo sacó una libreta escondida debajo del colchón.
En la portada decía:
Mi diario secreto. No leer sin permiso.
—Aquí escribo las cosas que mi abuelita todavía recuerda —explicó.
Ernesto comenzó a pasar las páginas.
3 de marzo: Hoy mi abuelita no recordó mi nombre.