Durante mi visita a casa de mi hijo, vi que mi nieto de 8 años escondía una libreta y llevaba comida al segundo piso, cerrado desde hacía tres meses.

Le dije que soy Mateo y me acarició la cabeza.

18 de marzo: Le llevé sopa. Me preguntó si el abuelo Gregorio ya volvió del trabajo. Mi mamá dijo que él murió hace muchos años.

7 de abril: Hoy recordó cómo me llamo. Me puse tan feliz que casi lloré.

19 de abril: Mi mamá estaba llorando sentada junto al refrigerador. Quise abrazarla, pero fingí estar dormido porque me pidió que no contara nada.

Cada anotación era más dolorosa que la anterior.

Había dibujos de flores, aviones de papel y