Incluso buscó el número de la policía.
Estuvo a punto de llamar.
Pero recordó a Mateo llevando comida a escondidas.
Aquel niño no parecía tener miedo de su abuela. Al contrario, parecía preocupado por ella.
Decidió hablar primero con su nieto.
Lo encontró sentado en su habitación, dibujando un avión.
—Mateo, necesito preguntarte algo. ¿A quién le llevas comida al segundo piso?
El niño dejó de dibujar.
—¿Se lo vas a decir a mi papá?
—Primero quiero entender qué está pasando.
Mateo bajó la mirada.
—Es mi abuelita Teresa. Está