Durante mi visita a casa de mi hijo, vi que mi nieto de 8 años escondía una libreta y llevaba comida al segundo piso, cerrado desde hacía tres meses.

Pero antes necesito contarle por qué tuve que alejarme de mi madre durante veinte años.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Y también necesito hablarle de una niña que mi esposo ni siquiera sabe que existió.

Ernesto sintió que se le helaba la sangre.

Mariana levantó el rostro y pronunció unas palabras que cambiaron por completo lo que él creía saber:

—Mi hija se llamaba Alma. Vivió solamente catorce horas. Y mi madre sabe exactamente por qué tuve que enfrentar aquella tragedia completamente sola.

PARTE 3

Mariana se sentó frente