a su suegro y comenzó a hablar con una voz tan apagada que Ernesto tuvo que inclinarse para escucharla.
—Yo tenía diecinueve años cuando quedé embarazada. Estudiaba contabilidad en una escuela técnica de Guadalajara y trabajaba por las tardes en una farmacia. Mi novio se llamaba Óscar. Era mecánico y llevábamos apenas seis meses juntos.
Su madre, doña Teresa, nunca había aprobado aquella relación. Era una mujer autoritaria, acostumbrada a decidir absolutamente todo dentro de su casa. Su esposo, Gregorio, casi nunca discutía con ella.
Cuando Mariana confesó que estaba