embarazada, Teresa no gritó.
Simplemente dejó de hablarle durante dos días.
Al tercero la llamó a la cocina.
—O te deshaces de ese problema o te largas de mi casa. No voy a mantener a una muchacha que no sabe comportarse.
Mariana esperó que su padre interviniera.
Pero Gregorio permaneció sentado, mirando el suelo.
—Recuerdo que tenía una maleta pequeña —continuó Mariana—. Metí tres cambios de ropa, mis cuadernos y una fotografía de cuando era niña. Salí pensando que mi mamá me llamaría al día siguiente.
Nunca recibió aquella llamada.