médicos la trasladaron inmediatamente a cuidados intensivos neonatales.
—Era tan chiquita, don Ernesto… Tenía los dedos más pequeños que cualquier cosa que yo hubiera visto.
Mariana comenzó a llorar.
—Le puse Alma porque pensé que, si lograba sobrevivir, tendría un alma fuerte, más fuerte que la mía.
Durante aquellas horas llamó a su casa.
Su padre contestó.
—Papá, nació mi niña. Está muy grave. Necesito que venga alguien.
Gregorio guardó silencio y finalmente respondió:
—Voy a hablar con tu mamá, hijita.
Pero nadie llegó.
Alma vivió catorce horas.
Mariana solamente