Durante mi visita a casa de mi hijo, vi que mi nieto de 8 años escondía una libreta y llevaba comida al segundo piso, cerrado desde hacía tres meses.

pudo verla unos minutos dentro de la incubadora. Recordaba sus manitas, el sonido de los aparatos y la enfermera que le apretó el hombro cuando el médico apareció en la puerta.

—Mi niña murió sin que nadie de mi familia la conociera. Yo regresé sola a aquel cuarto. No tenía una cuna, ni ropa de bebé que guardar. Solamente tenía su nombre escrito en unos papeles.

Ernesto sintió que se le cerraba la garganta.

Había presenciado conflictos familiares durante toda su carrera, pero nunca había escuchado algo semejante de una