abandono y la muerte de Alma.
Pero recordaba a la muchacha que alguna vez llegaba de la escuela y se sentaba a comer con sus padres.
—La llevé a mi casa ese mismo día —confesó Mariana—. No pude dejarla ahí.
Esperó a que Daniel estuviera trabajando, acondicionó una habitación del segundo piso y llevó a Teresa discretamente.
Inventó la historia de los pisos podridos porque no sabía cómo explicarle a su esposo que había regresado a cuidar a la mujer que tanto daño le había causado.
Al principio pensó mantenerlo