Durante mi visita a casa de mi hijo, vi que mi nieto de 8 años escondía una libreta y llevaba comida al segundo piso, cerrado desde hacía tres meses.

en secreto solamente unos días.

Pero transcurrieron semanas.

Teresa necesitaba comida, aseo y ayuda constante. Mariana empezó a dormir poco y a vender algunas pertenencias para pagar productos de higiene, alimentos especiales y medicamentos.

—Hasta busqué consejos por internet para saber qué darle cuando se ponía mal —admitió avergonzada—. Sé que fue peligroso. Estaba desesperada y tenía miedo de pedir ayuda.

—¿Por qué pusiste el cerrojo por fuera? —preguntó Ernesto.

—Una noche intentó salir de la habitación. Estaba confundida, buscaba a mi papá y casi se cayó por las escaleras.