en secreto solamente unos días.
Pero transcurrieron semanas.
Teresa necesitaba comida, aseo y ayuda constante. Mariana empezó a dormir poco y a vender algunas pertenencias para pagar productos de higiene, alimentos especiales y medicamentos.
—Hasta busqué consejos por internet para saber qué darle cuando se ponía mal —admitió avergonzada—. Sé que fue peligroso. Estaba desesperada y tenía miedo de pedir ayuda.
—¿Por qué pusiste el cerrojo por fuera? —preguntó Ernesto.
—Una noche intentó salir de la habitación. Estaba confundida, buscaba a mi papá y casi se cayó por las escaleras.