Durante mi visita a casa de mi hijo, vi que mi nieto de 8 años escondía una libreta y llevaba comida al segundo piso, cerrado desde hacía tres meses.

Me asusté muchísimo. Pensé que encerrarla mientras atendía la casa era la única manera de protegerla.

Se cubrió el rostro.

—Pero ahora entiendo que también podía pasarle algo encerrada. No sabía qué más hacer.

Ernesto respiró profundamente.

Por primera vez comprendió que aquella situación no había nacido de la maldad, sino de una mezcla terrible de miedo, agotamiento y decisiones equivocadas.

—Mariana, cuidar a tu madre no significa que debas hacerlo todo sola. Y tampoco significa que tengamos que ignorar lo que pasó.

Ella levantó los ojos.

—¿Va a contarle