permaneció junto a la puerta.
—Doña Teresa —comenzó Ernesto—, encontramos unos documentos de Alma.
La mujer levantó lentamente la mirada.
Al escuchar aquel nombre, sus labios comenzaron a temblar.
—La bebé de Mariana…
Su hija avanzó un paso.
—¿Te acuerdas de ella, mamá?
Teresa cerró los ojos.
Durante varios segundos no contestó.
Después susurró:
—Gregorio me dijo que había muerto. Me pidió que fuera al hospital… Yo no quise ir.
Mariana sintió que se le partía el corazón.
Era la primera vez que escuchaba a su madre reconocer aquello.
—¿Por