qué, mamá? Yo te necesitaba.
Teresa comenzó a llorar.
Era la primera vez en meses que alguien compartía con ella aquella responsabilidad.
Esa noche llegó la conversación que más temía.
Ernesto pidió a Daniel que se sentara con ellos después de acostar a los niños.
Mariana le contó todo.
Le habló del segundo piso, de Teresa, de los meses de mentiras.
Y finalmente le habló de Alma.
Daniel permaneció largo rato en silencio.
—¿Tuviste una hija? —preguntó con la voz quebrada.
Mariana asintió.
—Vivió catorce horas.
Daniel se pasó ambas