si nada hubiera ocurrido.
Al día siguiente hizo exactamente lo mismo.
Esta vez llevó arroz, frijoles y un vaso de agua.
Ernesto sintió un escalofrío.
¿A quién alimentaba su nieto?
¿Por qué Mariana mentía sobre las condiciones de las habitaciones?
Aquella noche decidió investigar.
Esperó hasta que Daniel y los niños estuvieran dormidos. Cerca de la medianoche escuchó pasos: Mariana subía las escaleras.
Permaneció arriba unos minutos y luego volvió a bajar.
Cuando todo quedó en silencio, Ernesto tomó una linterna.
Subió lentamente.
Las tablas estaban firmes. No había agujeros,