plano corregido, no recibiría el resto de mis honorarios.
—¿Y pensabas obedecerlo?
Mi hijo bajó la cabeza.
—Debo dinero, mamá. Lucía necesita terminar la preparatoria y apenas puedo pagar la renta.
—Yo pasé hambre para darte estudios, Daniel. Pero jamás te enseñé a ganar dinero a costa de otras familias.
Fue nuestra primera discusión verdaderamente dolorosa.
Daniel recogió sus planos y salió de casa. Lucía lo alcanzó junto al portón, pero no consiguió detenerlo.
Aquella noche mi nieta se sentó a mi lado.
—Abuela, mi papá no es malo. Está