a Anselmo, cómo lo había abrigado y cómo su sobrino llegó a recogerlo.
No mencioné todavía dónde estaba escondida la escritura.
—Necesitamos hablar con don Anselmo —dijo la comandante.
—Él puede confirmar todo.
—Lo intentamos. Su sobrino lo trasladó nuevamente a una residencia privada y nadie nos permite comunicarnos con él.
Aquello confirmó mis sospechas.
Esa misma noche recibí una llamada de Lorena.
—Beatriz, escúcheme. Mi esposo está acelerando la operación. Quieren firmar en dos días. Don Anselmo está empeorando y no quieren llevarlo al hospital porque tienen miedo de