que esto termine mañana, doña Beatriz —me dijo—, pero ya no está sola.
Mientras tanto, el manantial de la plaza dejó de correr por completo.
El Ayuntamiento anunció una reunión pública extraordinaria para explicar el proyecto de Agua Sierra Clara.
Afirmaban que la empresa traería empleos, inversión y una solución definitiva a la escasez.
La misma empresa que estaba agravando el problema se presentaba como nuestra salvación.
La mañana de la reunión, Héctor apareció en mi casa.
Traía un maletín y una sonrisa arrogante.
—Le ofrezco doscientos mil pesos, señora