De regreso a casa, una tormenta me hizo refugiarme en una casa abandonada, donde encontré a un anciano enfermo. «Si muero, no permita que mi sobrino encuentre esa escritura», me pidió. Guardé el documento y lo ayudé sin imaginar las consecuencias. Tres días después, mientras todos me llamaban ladrona, encontré el nombre de mi propio hijo en los planos de la empresa que quería quedarse con el agua del pueblo.

de Ecología, había solicitado consultar precisamente aquellos documentos.

Entonces comprendí que la corrupción llegaba mucho más lejos de lo que imaginábamos.

La comandante Silvia recibió nuestras pruebas esa misma noche: la declaración grabada de Anselmo, el testimonio de Josefina, las fotografías del archivo alterado y el nuevo informe técnico de Daniel.

También le entregué la escritura original para que fuera examinada y protegida oficialmente, conservando una copia certificada de su recepción.

La comandante notificó a la Fiscalía y solicitó la intervención de las autoridades federales del agua.

—No puedo prometerle