para declarar personalmente.
El anciano pidió el micrófono.
Héctor permaneció inmóvil.
—Te crié como a un hijo —le dijo Anselmo con voz quebrada—. Te di oportunidades, educación y confianza. Y tú decidiste quitarme la libertad para vender algo que ya no era mío.
Héctor bajó la mirada.
—Tío, yo solo quería…
—Querías dinero. Y por conseguirlo estabas dispuesto a dejar sin agua al pueblo donde naciste.
Después Anselmo miró a todos los presentes.
—Estoy aquí por una mujer que no quiso aprovecharse de mí cuando estaba indefenso. Una mujer que