para impedir nuevos actos de disposición del terreno mientras se investigaba su situación jurídica.
Héctor se levantó bruscamente.
—¡Esto es un circo!
Intentó marcharse.
Pero en ese instante se abrieron las puertas principales.
Entró Daniel empujando una silla de ruedas.
Detrás caminaba Lorena.
Y en la silla, envuelto en mi viejo rebozo de lana, estaba Anselmo.
Un silencio absoluto recorrió el salón.
Daniel lo había localizado en una clínica privada de Atlixco. El médico confirmó que necesitaba vigilancia hospitalaria, pero Anselmo había insistido en acudir brevemente, acompañado por personal sanitario,