algo que no le pertenece, se va a arrepentir.
El vehículo arrancó.
Sin embargo, justo antes de desaparecer, el anciano volvió la cabeza hacia mí.
—Gracias, Beatriz. Sabía que usted no me abandonaría.
Me quedé paralizada bajo la lluvia.
Yo jamás le había dicho mi nombre.
Y todavía no sabía que aquella caja escondida entre mis plantas contenía una verdad por la que alguien estaba dispuesto a destruir mi reputación, mi familia y hasta el agua que bebíamos.
PARTE 2
Aquella noche abrí la caja sobre la mesa de mi