cocina.
Dentro encontré una escritura antigua, una fotografía del manantial de la plaza y una pequeña llave de hierro.
Detrás de la fotografía había una frase escrita a mano:
«Si me obligan a firmar, le quitarán el agua a todo el pueblo».
Sentí un escalofrío.
El domingo fui temprano a la plaza. Desde niña conocía aquel manantial. Incluso durante las sequías, las familias acudían con cubetas y garrafones para llenar sus recipientes.
Pero esa mañana apenas salía un hilo de agua.
—Dicen que es por el calor —comentó mi vecina