financiera no tiene sentido.
Volví a sentir orgullo de mi profesión.
También comencé a salir con amigas, caminar por el centro histórico de Puebla y visitar a Daniel cuando sus turnos se lo permitían.
Y tomé una decisión respecto a mi patrimonio.
Con asesoría legal, revisé mi testamento y mis disposiciones para el futuro. Reservé mis recursos para garantizar mi bienestar y decidí destinar parte de lo que algún día dejara a un programa educativo para jóvenes de familias con dificultades económicas.
No lo hice para castigar a Sebastián.
Lo