en la residencia estudiantil, edificio B, tercer piso, habitación 308, ¿no?
Y entonces comprendí que aquel cuadro no escondía solamente el pasado de mi esposo.
También había puesto a mi hija en peligro.
—Si Arturo no me entrega lo que me debe, tu hija va a pagar las consecuencias —susurró el desconocido.
Me sostuvo la mirada unos segundos y después salió tranquilamente del edificio.
Subí a mi departamento con las piernas temblando.
Lo primero que hice fue llamar a Natalia.
—Hija, necesito que no salgas sola de la residencia. Si