Mi esposo trajo un cuadro enorme justo antes de irse de viaje y me dijo: “Si me quieres, no lo toques”. Después de 11 años de matrimonio, aquella petición me pareció extraña. Mientras limpiaba, el marco se deslizó y descubrí un compartimento oculto con dinero y documentos falsos. Guardé fotografías de todo sin decir una palabra. Dos días después, mi esposo me pidió vender urgentemente nuestra casa, y entendí que estaba preparando algo terrible…

en la residencia estudiantil, edificio B, tercer piso, habitación 308, ¿no?

Y entonces comprendí que aquel cuadro no escondía solamente el pasado de mi esposo.

También había puesto a mi hija en peligro.

—Si Arturo no me entrega lo que me debe, tu hija va a pagar las consecuencias —susurró el desconocido.

Me sostuvo la mirada unos segundos y después salió tranquilamente del edificio.

Subí a mi departamento con las piernas temblando.

Lo primero que hice fue llamar a Natalia.

—Hija, necesito que no salgas sola de la residencia. Si