El técnico de limpieza encontró algo bajo mi cama y me pidió en voz baja: “No llame todavía a su esposo”. Entre polvo gris y cinta vieja aparecieron una cámara, un micrófono y papeles sobre mi herencia de 24 millones de pesos. Yo solo tomé una foto, llamé al abogado y esperé en silencio; cuando mi marido llegó y dijo “Yo no fui” antes de que nadie lo acusara, todo cambió.

y yo me encargo de todo.”

Pero el tercer documento era peor.

Era una hoja con observaciones preparadas para una posible valoración psiquiátrica:

“Insomnio severo.”

“Pérdida de concentración.”

“Dificultades para manejar asuntos financieros.”

“Conductas paranoides respecto al patrimonio.”

“Se recomienda intervención de familiares.”

Sentí que me faltaba el aire.

Durante meses Mauricio había repetido que yo olvidaba cosas.

Que estaba agotada.

Que quizá ya no debía trabajar.

Que los asuntos financieros me estaban rebasando.

Alejandro leyó la hoja y levantó la mirada.

—Verónica, esto no significa que alguien pueda quitarte