finalmente aquella carpeta negra.
Mi abogado, Alejandro Méndez, llegó poco después. Nos sentamos todos alrededor de la mesa del comedor mientras uno de los agentes abrió la carpeta usando guantes.
El primer documento era una copia de mis escrituras y estados de inversión.
—Son documentos de mi herencia —dije.
El segundo me dejó sin aire.
Era el borrador de un poder general para actos de administración y dominio.
Mi nombre aparecía como otorgante.
El de Mauricio, como apoderado.
La firma estaba en blanco.
Recordé inmediatamente sus palabras:
“Hazme un poder