Al día siguiente de mi 35 cumpleaños oí confirmar la cena privada para Clara en el Palacio de Linares. Él recordaba su alergia y olvidaba mi cumpleaños, y su madre sentenció: “algunas esposas ocupan una casa, pero otras ocupan el corazón”. No lloré, dejé el divorcio firmado y pedí traslado definitivo a Buenos Aires. Debajo encontré su nota: cuando me fuera, las acciones volverían a su sitio.

de volver a verse, esta vez en Lisboa, donde ambos coincidieron por trabajo. Cenaron durante 4 horas. Luego hubo otro encuentro en Buenos Aires y otro en Sevilla. Nunca llamaron destino a lo que podía explicarse con billetes comprados y decisiones conscientes.

Se conocieron como no lo habían hecho durante el matrimonio. Álvaro descubrió que el color favorito de Lucía era el verde y que siempre elegía ventana cuando viajaba como pasajera. Ella supo que él odiaba el cilantro, tocaba el piano cuando estaba nervioso y llamaba a su hermana