de volver a verse, esta vez en Lisboa, donde ambos coincidieron por trabajo. Cenaron durante 4 horas. Luego hubo otro encuentro en Buenos Aires y otro en Sevilla. Nunca llamaron destino a lo que podía explicarse con billetes comprados y decisiones conscientes.
Se conocieron como no lo habían hecho durante el matrimonio. Álvaro descubrió que el color favorito de Lucía era el verde y que siempre elegía ventana cuando viajaba como pasajera. Ella supo que él odiaba el cilantro, tocaba el piano cuando estaba nervioso y llamaba a su hermana