Durante dieciocho años le entregué mi juventud, mi dinero y mi paciencia a un hombre que me traicionó de la manera más baja, planeando un falso accidente náutico para tirarme al mar y apoderarse de la única propiedad que me quedaba en el mundo para entregársela a su amante en turno y a su madre alcahueta; logré sobrevivir de milagro a las aguas heladas y, cuando volví a casa diez días después con una carpeta de pruebas contundentes bajo el brazo, lo encontré brindando con champaña en la sala junto a su nueva familia; saqué mi teléfono, abrí el expediente de la fiscalía y le dije simplemente: “Salúdame a la policía cuando lleguen por ti”, antes de ver cómo su mundo perfecto se desmoronaba en mil pedazos frente a sus propios ojos.

Valeria está embarazada, apúrate a buscar los papeles de la casa”. Mi propia suegra, la que me exigía lealtad, estaba ayudando a su hijo a robarme para dárselo a la amante.

Y por si fuera poco, un ejecutivo del banco me había llamado discretamente días atrás para confirmar si yo había firmado los papeles para hipotecar mi casa. ¡Diego había falsificado mi firma! Yo había enviado una carta oficial bloqueando cualquier trámite, pero nunca imaginé que su frustración lo llevaría a intentar asesinarme.

Alejandro hervía de rabia y quería ir