una expresión de alivio que daba asco. —¡Mi amor! ¡Gracias a Dios! ¡Te busqué por todas partes, pensé que te había perdido para siempre!
Alejandro se interpuso al instante, empujándolo con fuerza por el pecho. —¡Ni se te ocurra tocarla, infeliz asesino!
—¿Asesino? —Diego fingió indignación, mirando a Valeria y luego a su madre—. ¡Yo no hice nada! Lucía, mi amor, estábamos discutiendo y te resbalaste… Yo no te vi caer, te lo juro.
Lo miré con un desprecio profundo. No había rabia en mí, solo un asco absoluto. —¿Resbalarme?