serena. Entonces, una vibración sorda sobre la alfombra me llamó la atención.
Su teléfono personal había resbalado del bolsillo del pantalón al suelo.
No pretendía espiarlo; solo quise levantarlo para colocarlo en la mesita de noche junto a su cargador. Pero en el instante en que la pantalla se iluminó al contacto con mis dedos, el aire se convirtió en hielo en mis pulmones:
El fondo de pantalla no era nuestra fotografía reciente ni un recuerdo de nuestro viaje de compromiso. Era una ecografía médica de un embarazo gemelar, fechada