Mi hija decía que su cama se hacía pequeña cada noche. Pensé que era imaginación infantil… hasta que una cámara a las 2:13 de la madrugada me mostró a mi esposo llorando junto a ella.L

La misma fecha de nacimiento de Valentina.

El agua de la regadera dejó de sonar.

Guardé la pulsera dentro de mi brasier, me limpié las lágrimas con la manga de la pijama y bajé a la cocina como si todavía supiera vivir normalmente.

Preparé café. Calenté tortillas. Partí fruta para el lunch de Valentina con unas manos que no parecían mías.

Rodrigo bajó minutos después con camisa azul, reloj caro y esa calma que antes me parecía seguridad.

—Buenos días —dijo, besándome la mejilla.

Sentí náuseas.

Valentina entró arrastrando su