Mi hija decía que su cama se hacía pequeña cada noche. Pensé que era imaginación infantil… hasta que una cámara a las 2:13 de la madrugada me mostró a mi esposo llorando junto a ella.L

el celular apretado contra el pecho.

Entonces Valentina, dormida, movió una mano y tocó su brazo.

Rodrigo se quedó rígido.

Mi hija murmuró algo. Subí el volumen.

Su vocecita salió débil, partida por el sueño:

—Papá… ¿ya vino mi hermanita?

Rodrigo se incorporó de golpe.

Yo dejé de respirar.

Él sacó la pulserita de debajo de la almohada, la guardó otra vez en su bolsillo y salió del cuarto sin hacer ruido.

Corrí de regreso a mi cama antes de que llegara. Me acosté de lado, cerré los ojos y