Mi esposo regaló toda mi ropa de maternidad a su hermana y su mamá llegó con tres bolsas

costumbre. Siempre fue amable conmigo. Nunca la había metido en un problema entre Rodrigo y yo.

—¿Cómo te sientes, hija? —contestó con cariño.

—Doña Graciela, pasó algo.

Le conté todo. Ella escuchó sin interrumpirme. Luego hizo la pregunta que ni Rodrigo ni Fernanda se habían molestado en hacer:

—Valentina, ¿les diste permiso de llevarse esa ropa?

—No.

—¿Rodrigo te preguntó antes?

—No.

—¿Fernanda te pidió permiso para venderla?

—No.

Respiró hondo.

—¿Quieres que te ayude a recuperarla?

Cerré los ojos. Por primera vez en el día alguien me preguntaba qué