salvia extendido sobre su mesa, con la etiqueta puesta: «Vestido de maternidad, talla M, nuevo con etiquetas. $1,500».
Sobre la foto decía: VENDIDO.
Fernanda no se había llevado mi ropa porque la necesitara. La estaba convirtiendo en dinero. Hice capturas de cada artículo y cada precio. Bajé.
—Tu hermana está vendiendo mi ropa.
Rodrigo ni miró mi teléfono.
—Quizá algunas no le quedaron.
—¡Las compré para que me quedaran a mí!
Subió el volumen de la televisión. Me quedé mirando al hombre que cuatro años antes calentaba mi auto