Al volver del funeral vi cómo mi yerno tiraba las cosas de mi hija sin derramar una sola lágrima. Salvé únicamente su chamarra naranja y le dije: “No necesito nada más”. Él y su madre intercambiaron una mirada extraña. Esa madrugada encontré en el bolsillo una nota secreta, y la última frase me hizo entender que mi hija había previsto que algo podía pasarle.

para salir.

—¿Qué es esto? —preguntó.

Mauricio apareció detrás de ella.

—Las cosas de Camila. Pensé que era mejor guardarlas rápido. Verlas todos los días me está destruyendo.

Teresa miró el enorme librero.

Ya estaba prácticamente vacío.

Camila llevaba sólo tres días muerta.

Dos hombres contratados sacaban cajas mientras Beatriz les indicaba cuáles iban a una bodega y cuáles podían desechar.

Aquello no parecía una familia despidiéndose.

Parecía una mudanza planeada con anticipación.

Entonces Teresa vio una manga naranja asomándose de una caja marcada con plumón: PARA TIRAR.

La reconoció