comprendió la verdad.
Camila había preparado el camino.
Había dejado documentos.
Había grabado conversaciones.
Había escondido todo.
Había colocado aquella nota precisamente dentro de la chamarra que sabía que su madre reconocería.
Incluso aterrada, incluso sabiendo que podía estar en peligro, había pensado varios movimientos adelante.
Su última decisión había sido confiar en Teresa.
Esa noche, antes de dormir, Teresa colgó la chamarra naranja en el respaldo de la silla.
Nunca la guardaba dentro del clóset.
No era un altar.
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No era