a la gente de la región. Yo procuraba que, cuando fuera posible, esa ayuda también abriera una puerta: material para estudiar, herramientas o trabajo pagado. Sabía demasiado bien lo que se siente cuando otros deciden tu destino “por tu bien”.
Ofelia volvió a la finca 2 años después. Llegó sin avisar y con la misma postura tiesa. Yo estaba cortando tela.
—Veo que ya eres una Robles —dijo.
Antes, esas palabras me habrían hecho encogerme.
Ese día seguí midiendo una manga.
—También sigo siendo Elena.
Miró hacia una repisa. Ahí