Mi madrastra me llevó a conocer a un hombre de una familia que llevaba años describiéndome como orgullosa y cruel, segura de que aquel matrimonio sería mi castigo. Decidí arruinar el encuentro fingiendo ser torpe, malhumorada y pésima para todo, pero él no se molestó: me miró y dijo que hacía tiempo nadie era tan sincero con él. 3 días después llegó una nota suya pidiendo permiso para visitarme, y ahora debía enfrentar el noviazgo que yo misma había intentado impedir.

a quién mira por encima del hombro. También hay quienes se acercan nomás por interés.

Luego sonrió.

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—Por eso usted me cayó bien. Fue la primera que llegó haciendo todo lo posible para que yo no la escogiera.

Sentí que se me calentaban las mejillas.

Semanas después, en una fiesta patronal, bailamos 2 piezas mientras Ofelia nos vigilaba desde una mesa. En la segunda, alguien me empujó sin querer y Tomás apretó mi mano para sostenerme. Ese contacto me siguió toda la noche.

Yo ya