Mi madrastra me llevó a conocer a un hombre de una familia que llevaba años describiéndome como orgullosa y cruel, segura de que aquel matrimonio sería mi castigo. Decidí arruinar el encuentro fingiendo ser torpe, malhumorada y pésima para todo, pero él no se molestó: me miró y dijo que hacía tiempo nadie era tan sincero con él. 3 días después llegó una nota suya pidiendo permiso para visitarme, y ahora debía enfrentar el noviazgo que yo misma había intentado impedir.

no estaba fingiendo cuando esperaba sus visitas.

Y eso fue justo lo que mi madrastra no soportó.

Un martes se fue sola a la finca. Cuando regresó, no me dijo nada. 2 días después, doña Mercedes vino a buscarme. Me pidió que saliéramos al corredor, lejos de Ofelia.

—Tu madrastra vino a decir que estás detrás del dinero de Tomás —me contó—. Dijo que todo lo tuyo es teatro.

Se me cerró la garganta.

Pero doña Mercedes no había venido a reclamarme.

Sacó de su bolsa un recibo viejo, doblado