Mi madrastra me llevó a conocer a un hombre de una familia que llevaba años describiéndome como orgullosa y cruel, segura de que aquel matrimonio sería mi castigo. Decidí arruinar el encuentro fingiendo ser torpe, malhumorada y pésima para todo, pero él no se molestó: me miró y dijo que hacía tiempo nadie era tan sincero con él. 3 días después llegó una nota suya pidiendo permiso para visitarme, y ahora debía enfrentar el noviazgo que yo misma había intentado impedir.

consiguió una silla para que descansara la espalda. Su madre preparaba despensas y las mandaba sin poner su apellido en ninguna lista. Cuando acompañé a la familia a recorrer los sembradíos, varios niños corrieron a saludar a Tomás con una confianza que no se finge.

Una tarde le pregunté directamente:

—¿Por qué todo el pueblo dice que ustedes se creen mucho?

Él arrancó una hoja seca de un limonero.

—Porque tenemos tierras. Y cuando uno tiene algo, la gente inventa por qué lo tiene, a quién se lo quitó o