consiguió una silla para que descansara la espalda. Su madre preparaba despensas y las mandaba sin poner su apellido en ninguna lista. Cuando acompañé a la familia a recorrer los sembradíos, varios niños corrieron a saludar a Tomás con una confianza que no se finge.
Una tarde le pregunté directamente:
—¿Por qué todo el pueblo dice que ustedes se creen mucho?
Él arrancó una hoja seca de un limonero.
—Porque tenemos tierras. Y cuando uno tiene algo, la gente inventa por qué lo tiene, a quién se lo quitó o